3. El toro Apis
El toro fue venerado en Egipto bajo cuatro formas por
lo menos. La más conocida e importante es sin duda alguna HAP,
como lo llamaron los egipcios, EPAFOS los griegos y APIS, como finalmente
llegó hasta nosotros.
En Menfis Apis fue adorado mientras vivía como
la manifestación de Ptah, dios creador, y al morir se le asimilaba
con Osiris, dios de la resurrección, convirtiéndose en
Osor-Apis o Ausar-Hapi. También es posible que no fuera únicamente
teofanía de estos dioses por separado, sino de un grupo de tres
deidades, que serian Ptah-Sokar-Osiris.
Se le llamó "El Apis Vivo, El Heraldo de Ptah
que lleva la Verdad hasta El de la Amable Faz" (Ptah), además
de "Hijo de Osiris" e "Hijo de Sokar" y "Alma Gloriosa de Ptah".
Aunque su principal centro de culto fue Menfis, se
sabe por Los Textos de las Pirámides y El Libro de los Muertos
que también se le rindió culto en otras ciudades como
Sais y Athribis en el delta.
Remontándonos al pasado, de 3000 a 2000 a.C.,
podemos distinguir dos especies de toros en Egipto. El llamado iw, importado
de Dongola, al sur, que era gordo, bajo de ancas, es decir chaparro,
con grandes cuernos y el cual era deliberadamente engordado para usarlo
como alimento o para el sacrificio. El otro ejemplar era el toro salvaje
nativo del delta llamado ng, magro de carnes, alto y de grandes cuernos
y que era capturado lazándolo. Lo usaban en las tareas del campo
o para jalar grandes piedras o sarcófagos. También se
le cazaba en las grandes cacerías reales. Este es nuestro Apis
y posiblemente también los demás toros sagrados.
Escultura de bronce, XXVI Dinastía. Museo
del Louvre
Estos usos no eran categóricos respecto a las
dos especies ya que ambas podían ser domesticadas, ambas se usaban
para el culto en algunos casos, ambas se sacrificaban, pero solo el
iw servía de alimento y solo el ng se usaba en las cacerías
y solo el ng, era un Apis.
La función del Apis era la de intermediario
entre el dios Ptah y sus fieles, comunicándose entre ellos por
medio del oráculo, en el que Apis actuaba como tal. Así
pues, el toro era por un lado el heraldo del dios, el informante de
los hechos que sucedían en la tierra y por el otro actuaba en
representación de ese mismo dios al dar un veredicto en su función
de oráculo. Pero también, por su conexión con Osiris,
Apis cumplía funciones funerarias, tan cara a la mentalidad egipcia.
Se han encontrado inscripciones en el Serapeum, en donde Apis es llamado
"Vida de Osiris, Señor del Cielo, Aquel con sus Dos Cuernos en
su Cabeza".
Ocasionalmente, Apis era el encargado de llevar grano
al otro mundo, relacionándolo con la función agraria.
En
otras ocasiones asumía el papel de transporte para el mismo muerto.
Se han encontrado pinturas, en la base de los sarcófagos, representando
al Apis llevando sobre sus espaldas al difunto momificado hacia la necrópolis.
Como sabemos, los egipcios acostumbraban pintar en sus sarcófagos
diversos símbolos y dioses de los cuales esperaban ayuda y protección
en el viaje al otro mundo. Se creía que los atributos del Apis:
"alto de cuernos", "hermoso en nombres", "vidente" y "basto" beneficiaria
a los muertos y ello los capacitaría para defenderse de los peligros
de la otra vida.
3.1 Dioses relacionados con Apis
Creo que el predominio del Apis esta plenamente justificado,
ya que fue un animal que, en adición a sus características
particulares con connotaciones de fertilidad, estuvo relacionado íntimamente
con distintos dioses. Primero, con un dios principal y creador, Ptah;
segundo con uno de los dioses más importantes y significativos
del panteón egipcio, Osiris; tercero, con Sokar dios de las necrópolis
y cuarto y quinto, posiblemente también con Horus y Atum. A todos
ellos me referiré brevemente para tratar de entender su importancia
y su relación con Apis.
En primer lugar Ptah, que fue el más importante
dios de Menfis, aunque no el más antiguo pues ya estaba ahí
Sokar. Sin embargo la presencia de Ptah está confirmada a partir
de la Dinastía I. Fue el creador del mundo al emitir una orden
de su corazón por medio de su lengua. Ellos, su corazón
y su lengua, representaban la mente y las palabras: esto quiere decir
que existió una inteligencia y una voluntad que, al coordinarse,
dieron como resultado a los demás dioses, al mundo y todo lo
que en él hay. Considero que esta concepción tan profunda
es notable en una época tan remota. Ptah era la fuente del orden
moral y ético, por ello mismo se le llamó siempre y entre
otros nombres "Señor de la Verdad" y Menfis, su ciudad, llevaba
el nombre egipcio de Hiku-Ptah "La Mansión del Alma de Ptah".
Era la cabeza de la tríada de esa ciudad, de la cual también
formaba parte su pareja Sejmet, "La Poderosa" diosa guerrera, representada
como leona, y su hijo Nefertum, dios solar con cabeza de león
y que llevaba sobre la cabeza una flor de loto. A Ptah se le representó
como un hombre pálido momificado, portando un enorme collar con
un contrapeso en la espalda, llamado menat, símbolo de virilidad
y fertilidad. En sus manos, que junto con la cara, era lo único
que salía del ropaje funerario llevaba dos cetro reales. Con
el tiempo portó barba cuadrada y sobre la cabeza un disco solar
en medio de cuernos o plumas. Fue patrono de monumentos arquitectónicos,
del dibujo, la escritura y las artesanías, "Supremo Jefe de las
Artesanías". Su culto fue el principal mientras Menfis permaneció
como capital, sin embargo declinó cuando Ra, por medio de sus
sacerdotes de Heliópolis, se puso a la cabeza de los dioses egipcios.
En el Reino Medio Ptah fue incluido en el ciclo de los astros y adquiriendo
entonces el disco solar en la cabeza. Se le asoció con Sokar
y Osiris, dioses funerarios, tomando parte en los ritos de resurrección,
como el de La Abertura de la Boca. Ptah tuvo presencia en Karnak desde
el Reino Medio en un templo de madera, el cual Thutmose III reconstruyó
en piedra y posteriormente los Ptolomeos embellecieron. Aunque su importancia
declinó, el carácter espiritual de Ptah, que no tuvo ningún
otro dios, prevaleció siempre. Posiblemente por esto mismo su
heraldo, el toro Apis, también perduró a través
de tres mil años de historia.
En segundo lugar, Osiris fue el dios más popular
en Egipto; su arraigo fue tal que su permanencia abarcó toda
la historia egipcia. Esto se debió, quizá, a que el culto
osiríaco daba respuesta a problemas de carácter más
humano que lo que podrían hacer los dioses relacionados con la
creación del mundo. Osiris logró sobrevivir a la muerte
y de ello hizo partícipes a los egipcios, quienes sentían
verdadera obsesión por ella. Osiris era la vida tomada en el
momento de la muerte. Además, sin ser el dios específico
del Nilo, de la vegetación, de la tierra, del circuito solar
y de los cereales, era sin embargo inmanente a todos ellos. Osiris ofrecía
un mundo después de la muerte, otra vida en el "País de
los Bienaventurados" y lo más importante era que, al final del
Reino Medio, se lo ofrecía a todos los hombres por sí
mismos, no sólo como parte del otro mundo del faraón.
Se le representa como un hombre envuelto en vendas blancas, con la cara
negra (relación funeraria) o verde (poder de renovación),
a veces con la corona del Alto Egipto y en las manos, cruzadas al frente,
un látigo y un cetro. Su leyenda, muy popular siempre, no se
encuentra completa en ningún texto egipcio, más bien esta
implícita en los escritos. Es Plutarco quien le da la forma más
conocida. A pesar de ello se hace mención de Osiris desde Los
Textos de las Pirámides hasta los Papiros Ptolemaicos.
En tercer lugar tenemos, con relación al Apis,
a Sokar, quien era el antiguo dios de la necrópolis de Menfis
desde épocas predinásticas, cuando sólo era un
espíritu guardián de tumbas. Se le representa con cabeza
de halcón, muy unido a Ptah y descrito como "Venido del Corazón
y la Mente como fuerza de Creación".
En cuarto lugar, Horus quien desde épocas muy
antiguas fue un dios importante y que surgió de la unión
de varios dioses halcones. Ocupó un lugar predominante en la
vida egipcia pues fue dios dinástico y representó en el
faraón, al dios en la tierra. Se le relaciona con Ra, al que
acompañaba en su viaje solar y con Osiris, de quien era hijo
y al cual vengó, restaurando su culto y autoridad. Llegó
a ser dios "nacional" y se le representó como un halcón
o como un hombre con cabeza de halcón.
Finalmente tenemos a Atum, dios creador de Heliópolis,
quien se creó a si mismo y posteriormente a Shu el aire y a Tefnut
la humedad.
Por otro lado es probable que en sus orígenes
a Apis = Hap se le haya relacionado con el Nilo = Hapi. Creo que ello
se justifica pues al toro se le clasificó como gran inseminador,
por lo tanto imbuido del poder de la vida y en consecuencia relacionado
con el agua, la cual por sí misma ya expresa la vida. La propia
inundación del Nilo era llamada "Regalo de Toro" y se le representó
con la imagen de este animal, lo mismo que a las aguas primigenias de
Nun. La fertilidad estaba en relación directa con la inundación.
Incluso se habla de que el falo del Apis le proporcionaba al faraón
la fuerza necesaria para llegar al reino de Ra.
3.2 Atributos y veneración
La presencia del Apis esta atestiguada ya como tal,
según la Piedra de Palermo, desde la Dinastía I, con el
rey Udimu, cuarto de su Dinastía, y según Manetón,
sacerdote e historiador egipcio (300 a.C.) desde la Dinastía
II con el faraón Nebra, segundo de su Dinastía, aunque
hay datos que nos hacen suponer que desde la época predinástica
se le rindió culto.
En una tumba de la Dinastía I, perteneciente
al ministro Hamaka, del faraón Udimu, fue encontrado un ostracón
con un toro pintado, lo mismo que la impresión de un sello en
donde se representa al rey Den llevando la corona del Bajo Egipto y
corriendo ante el Apis, en la ceremonia llamada: "La Corrida del Apis",
y luego se ve al mismo rey portando la corona del Alto Egipto. Es ahí
en donde aparece por primera vez su nombre: Apis. También se
encontró una vasija de la Dinastía I, de diorita negra
y blanca, en donde está grabado el nombre de Horus junto con
la siguiente inscripción: "La primera vez de la Corrida de Apis."
El rey Nebra, de la Dinastía II, era llamado
"El Señor de Señores" y "El Toro de Toros", y proclamó
como dioses a Apis de Menfis, al toro Mnevis de Heliópolis y
al carnero de Mendes.
Por otro lado, Eliano asegura que, según la
tradición de los sacerdotes, fue Menes quien instituyó
el culto al toro Apis. Con ello nos damos cuenta de que ya fuera en
la primera o en la segunda dinastía, el culto al toro Apis es
muy antiguo y que va junto con el inicio y desarrollo de la época
histórica de Egipto.
Para poder ostentar el titulo de Toro Apis este animal
debía reunir diversas características que sólo
los sacerdotes conocían en su totalidad. Según Eliano
eran en total 29 marcas, cada una de las cuales tendría un significado
místico, desconocido para nosotros. Entre las que conocemos están,
en primer lugar, el que el animal debía ser de pelo totalmente
negro, con una mancha blanca en la frente, en forma de diamante. En
la espalda, también debía tener una mancha blanca pero
con la forma de un buitre con las alas extendidas.
Los
pelos de la cola debían terminar separados en dos direcciones.
Bajo la lengua debía presentar una excrecencia en forma de escarabajo.
A un costado tendría otra mancha blanca en forma de luna en cuarto
creciente y en los cuartos traseros un escarabajo. Pero en realidad
bastaba una sola de esas marcas para que fuera aprobado. Todas estas
marcas mostraban su carácter único y la total aceptación
por parte de los dioses. Gardiner sugiere que algunas de estas señales
podrían haber sido realizadas artificialmente por los mismos
sacerdotes para poder apegarse a los requerimientos. Estas marcas especiales
podrían tener su antecedente en los tiempos predinásticos
cuando una especie de toros, que tenían la espalda y los costados
negros, con rayas regulares de color más claro en patas y vientre,
eran sumamente apreciados por raros.
Según la tradición, Apis había
sido concebido por medio de una ráfaga de luz celeste, la cual
por inspiración divina había fecundado a una ternera virgen,
aún demasiado joven para concebir y que además jamás
volvería a parir otro becerro. Este prodigio sólo podrían
testimoniarlo los moradores de la otra vida y los de la tierra tan solo
creerlo. Otra versión es que un Apis concebía a otro,
aunque no es la mas generalizada.
En el culto a Apis debían ser observadas tres
reglas fundamentales: la primera prohibía que hubiera dos Apis
vivos al mismo tiempo. En segundo lugar, el tiempo entre la muerte y
el entierro del toro debía ser de setenta días, y finalmente
y en tercer lugar, el Apis muerto debía ser enterrado antes de
que su sucesor fuera instalado. Un Apis no nacía hasta que el
anterior moría.
En cuanto un Apis fallecía se iniciaba de inmediato
la búsqueda del siguiente por todo el país. Al ser identificado,
se anotaba con todo cuidado su nacimiento, lo conducían a una
casa que tuviera de frente al sol naciente, a orillas del Nilo y ahí
lo alimentaban con leche durante cuarenta días. Solamente las
mujeres podían verle; después lo trasladaban, por el río,
al Gran Templo de Ptah en Menfis, en medio de grandes ceremonias. Se
le transportaba vestido con ricas túnicas y en una góndola
dorada y consagrada, en medio del regocijo total de los habitantes de
Egipto. Por obvias razones, el dueño del rebaño de donde
salía el Apis adquiría gran reconocimiento, ya que la
gente lo veía desde entonces con admiración y como un
privilegiado. Hay que señalar que la madre del toro Apis permanecía
cerca de él siempre. No tenemos datos respecto al traslado de
la vaca, ni si esta era la madre natural del toro o era otra vaca representando
este papel. Sin embargo en algunos templos ha quedado constancia de
que vivía y era enterrada cerca de su hijo.
Asimismo se creía que Apis tenia influencia
sobre el cocodrilo, ya que podía impedirle que atacara a los
hombres durante los siete días que se celebraba su nacimiento
cada año. En esta ocasión se arrojaba al Nilo una ofrenda:
una patera de oro y plata.
Durante su vida, el toro vivía
en medio del lujo, del bienestar y la tranquilidad. Su casa era adornada
con exquisitos tapices, oro y piedras preciosas; se le proporcionaban
los mejores alimentos y se le bañaba con agua caliente y perfumada,
e incluso contaba con su harén personal. No se le permitía
tomar agua del Nilo, pues pensaban que engordaba demasiado y ello no
iba de acuerdo con los ideales de belleza del egipcio. El Apis permanecía
en su templo (
su casa), el Apieión, que se encontraba frente al de Ptah
y en donde contaba con dos establos llamados Delubrka y Thalami. Estos
tenían dos ventanas especiales, llamadas de las "apariciones"
por donde los fieles podían verlo; también tenía
un corral adonde salía a corretear a ciertas horas del día
y donde también podía ser observado y adorado.
Según una estela de cuarzo de la época
de Nectánebo II, dinastía XXX, que conmemora la inauguración
de una nueva casa para Apis en Menfis, esta constaba de dos partes generales:
el establo, es decir la casa del "Apis Viviente" y la wbt, "lugar puro",
que era el sitio en donde se le purificaba después de muerto.
Tal disposición sería congruente con la concepción
del "Apis Viviente" y del "Osiris-Apis". Los descubrimientos más
recientes permiten pensar que el último nivel de esta casa se
construyó bajo el faraón arriba mencionado, en vista de
que el material encontrado es de diferentes épocas y fue reutilizado
varias veces. Se encontraron bloques de alabastro con dedicatorias al
"Apis Viviente" de Ramses II, dinastía XIX; otro bloque de Sheshonk
I, dinastía XXII, con un cartucho grabado con los nombres de
los "....dioses Osiris, Apis, Atum y Horus" junto con una representación
de la ceremonia de La Abertura de la Boca; diversas donaciones tales
como platos, jarras, instrumentos, moldes de terracota, escarabajos
de fayenza, monedas de tipo ateniense y por supuesto piedras con inscripciones
y una columna de granito rojo en forma de papiro, hechas por diversos
faraones, a través de diferentes épocas, como Taharqo,
Dinastía XXV, Nekau II, Psammétiko I y II y Amasis, Dinastía
XXVI, Darío I, Dinastía XXVII y Artajerjes III, Dinastía
XXXI.
Una de las funciones más importantes del Apis
era la de oráculo,
para
lo cual sus habitaciones tenían dos puertas por las cuales el
toro entraba para tomar sus alimentos. Estas puertas tenían en
la parte superior símbolos de lo positivo y lo negativo; así
cuando el fiel le hacía su pregunta la respuesta la daba el Apis
según la puerta que escogiera para entrar. También se
acostumbraba ofrecerle comida con la mano y si Apis la aceptaba era
favorable y si no lo hacía era, desde luego, desfavorable y un
mal presagio. Para consultarlo, primero había que quemar incienso
en el altar, rellenar de aceite las lámparas que alumbraban su
templo y depositar alguna ofrenda. Se acostumbraba también que
el fiel le hablara al oído a la estatua del Apis que ahí
se encontraba, consultándole algo. Acto seguido se retiraba tapándose
las orejas y lo primero que oía al salir del templo, debía
interpretarlo como la respuesta del dios. El oráculo era un medio
de adivinación que proporcionaba el secreto del futuro, aunque
para ello había que contar con un código establecido.
Eran pronunciados por un dios específico, teniendo cada uno de
ellos sus particularidades. La importancia del oráculo residía
en su función de reafirmación y guía para los individuos
y como mecanismo social que aliviaba las tensiones entre las comunidades.
Había asuntos difíciles de resolver para las autoridades,
por lo que permitiendo que un dios "neutral e inapelable" decidiera,
se evitaban posibles conflictos. Es a finales del Reino Nuevo que los
oráculos toman un lugar predominante en la vida religiosa, política
y social de Egipto. Podemos entonces comprender el importante papel
que el Apis jugaba en las relaciones entre los fieles y el sacerdocio,
y entre los fieles y el gobierno, ya que en asuntos de vital importancia
los oráculos eran dirigidos por el mismo faraón. Finalmente
el Apis era, sobre todo, importante para el fiel que recibía
de él, la respuesta a sus preguntas y un paliativo a sus angustias.
Dentro de los festivales en los que intervenía
Apis, había uno de singular importancia, el Heb-Sed, ceremonia
en la cual el faraón renovaba su poder real, cada treinta años
primero y después cada tres, aunque muchos reyes lo hacían
cada vez que querían o lo creían necesario. Esta fiesta
está testimoniada por primera vez con Udimu, de la Dinastía
I. Se llevaba a cabo el primer día del primer mes de "La Estación
de la Siembra", Peret, es decir la época cuando se cultivaba
y empezaba a crecer la semilla, finales de octubre, y duraba cinco días.
No se sabe que acontecimientos se requerían para llevarlo a cabo,
pero cuando se decidían se hacían grandes preparativos.
Era, probablemente, el resultado natural de la evolución de la
antigua idea que tenían algunos pueblos prehistóricos,
de que en vez de matar o deponer al rey, supuestamente ya débil
después de treinta años de gobierno, con esta ceremonia
lograba renovar su fuerza. Todo un complicado ceremonial acompañaba
los actos de la festividad, que contaba en general con tres pasos importantes:
1.- Procesión del rey, imágenes de dioses,
sacerdotes y principales visitando los santuarios. El Apis era preparado,
ya sea para recibir la visita del rey en su templo o para él
mismo ser conducido ante el trono.
2.-El faraón daba vueltas alrededor de las murallas
blancas de Menfis, caminando rápida y animadamente al costado
del Apis. Este ritual lo tenemos representado en un bloque encontrado
en Karnak, en donde se representa a Hatshepsut, reina de la dinastía
XVIII, renovando sus atributos en esta ceremonia, caminando al lado
del Apis y recorriendo la tierra a lo ancho y a lo largo dos veces,
como rey del Alto y del Bajo Egipto. Éste, que sería el
acto central del festival Sed, era la afirmación del orden fundamental
de la sociedad.
3.- El rey bajaba del trono y rendía homenaje
a sus Antepasados Reales, renovando así el vinculo entre él
y su linaje real. Todo ello daba como resultado lazos más fuertes
entre el rey y su pueblo, pues se afirmaba el poder real sobre la tierra
y la posibilidad de su fertilidad para el bienestar de todos.
Había también un festival especial en
honor de Apis, el cual era llevado por los sacerdotes en solemne procesión.
Mucha gente iba a Menfis para verlo y tal vez con la esperanza de que
su aliento llegara a los niños, pues se creía que quienes
lo aspiraban quedaban dotados con el poder de la predicción.
En otras ocasiones desfilaba en las ceremonias de Ptah, ricamente vestido
y acompañado por sus guardias y por un coro de niños que
entonaban himnos en su honor.
Procesión del toro sagrado
3.3 La muerte y los ritos de momificación
Los Apis vivían aproximadamente de quince a
veinte años, pero de no hacerlo así se les permitía
llegar a los veinticinco y luego se les sacrificaba, ahogándolos
con muchas ceremonias, en una fuente sagrada. Es probable que esta práctica
tuviera que ver con la mengua de su poder fertilizador, aunque los autores
consultados no nos dan la respuesta. Sin embargo tomando en cuenta que
en algunos pueblos neolíticos el rey, identificado con el toro
por su poder fecundador, era sacrificado al perder ese poder. Con el
tiempo esa costumbre se convertiría en una lucha ritual entre
el rey y su sucesor y más tarde entre el primero y un toro o
un león, o un jabalí, o un caballo garañón,
con la finalidad de refrendar mágicamente su fortaleza sexual.
Creo que posiblemente habría una relación entre esta costumbre
y la de terminar con la vida del toro a una edad en que necesariamente
sus características de fuerza y fecundidad habrían disminuido
notablemente. Es probable, que a partir del Reino Nuevo, al Apis muerto
le separaran algunas partes del cuerpo para comerlas en una ceremonia
ritual en el templo, siendo el resto cuidadosamente embalsamado.
Al morir un Apis se iniciaba un largo proceso que conllevaba
todo un complejo ritual, el cual le permitiría al toro, finalmente,
renacer. Todo este quehacer estaba relacionado con el drama de la vida,
la muerte y la resurrección de Osiris, y el cual cada hombre
o animal sagrado que moría debía cumplir. Primero sacaban
al Apis muerto de su establo, por la puerta oeste - que representaba
el ocaso del sol, es decir, la muerte - y lo llevaban a una construcción
al sur del establo, hecha especialmente para ese efecto. De madera y
cubierta de lino, la llamada Casa de la Purificación servía
para que el Apis fuera completamente lavado, es decir purificado. Mientras
tanto sus sacerdotes y sus fieles iniciaban un período de duelo
que no terminaría sino hasta el día del entierro del toro.
Se dejaban crecer el pelo, no se aseaban, llevaban a cabo un severo
ayuno de cuatro días y el resto del tiempo sólo comían
pan, vegetales y agua. El establo también era lavado y purificado
y se colocaba una placa alusiva al hecho, con la fecha de nacimiento,
entronización y muerte del Apis recién fallecido. En este
primer lugar permanecía cuatro días e inmediatamente después
se le trasladaba a la Casa del Embalsamamiento, edificio formado por
seis habitaciones rectangulares, unidas por un pasaje y en donde el
toro era prácticamente transformado. Esta casa se encontraba
en la esquina suroeste del Templo de Ptah en Menfis. En este sitio,
en el cual permanecía sesenta y cuatro días, se llevaba
a cabo el complejo y detallado trabajo de convertir el cuerpo del animal
en momia. Todo un intrincado ritual acompañaba cada uno de los
pasos a seguir, pues todo ello tenía un significado preciso en
el resultado final, que tenía como meta la resurrección
del Apis.
Las principales salas de la Casa del Embalsamamiento
eran dos y marcaban dos partes importantes del proceso y del ritual.
Eran el Salón del Sacrificio y el Salón de la Envoltura.
En el primero se llevaba a cabo la tarea de quitarle al Apis todo lo
que se pudiera echar a perder, lo limpiaban por dentro y le aplicaban
las sustancias necesarias para su desecación y conservación.
En el segundo, como su nombre indica, se le envolvía literalmente
con las vendas que habían de convertirlo finalmente en una momia.
Siendo este un lugar sagrado, en donde no sólo se llevaba a cabo
un proceso físico, sino uno ritual, los mismos sacerdotes encargados
del trabajo debían de cumplir con estrictos ritos de limpieza,
tales como rasurarse todo el pelo y lavarse y cambiarse de ropa cada
vez que se introducían en este sitio. Es aquí en donde,
con cada acto, se representaba el misterio de la resurrección
de Osiris y la detallada limpieza representaba la condición primigenia
del momento de la creación del mundo. En el primer salón
se encontraron cuatro o cinco camas para embalsamar, de alabastro y
adornadas, algunas de ellas, con bajorrelieves de dos leones, los cuales
probablemente significaban las dos colinas entre las que sale el sol,
es decir la resurrección. Algunas de estas camas miden 4 m. por
2 m. y otras 3.50 m. por 1.60 m., eran planchas con la parte de arriba
cóncava y contaban con un canal y un contenedor para los fluidos
que salían durante el proceso de limpieza, estando para ello
ligeramente inclinadas de la cabeza a los pies.
Camas de alabastro para embalsamar al Apis. Memfis,
época tradía, 712-332 a.C.
En el Salón del Sacrificio el Apis permanecía
cuarenta y ocho días y en ellos, el sacerdote principal de su
culto y cuatro ayudantes mas, eran los encargados de la minuciosa labor.
En primer lugar cortaban la garganta para que saliera toda la sangre.
Después, el sacerdote principal se ponía enfrente del
animal y procedía a trabajar con la cabeza, parte muy importante
para los egipcios, ya que contenía los órganos para ver
y hablar, los ojos y la lengua, los cuales le serían de suma
utilidad al muerto en el otro mundo. Primero se extraían los
ojos y el cerebro, el cual seguramente se sacaría por la nariz
con algún instrumento, posiblemente de cobre y con extremo curvo
para facilitar la tarea. Después se hacía una gran incisión,
del lado izquierdo, que abarcaba el abdomen y parte del pecho. Los intestinos,
los pulmones, el hígado y los cuatro estómagos eran removidos
de su sitio y se colocaban en vasijas especiales con sustancias para
limpiarlos.
El
corazón recibía un tratamiento diferente, por ser el centro
de la vida. Al igual que los otros órganos era extraído,
limpiado y aceitado, pero después era nuevamente colocado en
su sitio, ya que por medio de él, el Apis debía de enfrentar
el juicio de Osiris. En él, el corazón jugaba un papel
importantísimo, puesto que era el órgano que debía
de ser pesado para saber si sus obras ameritaban que el muerto pudiera
continuar su camino hacia la otra vida. Todas las cavidades eran purificadas
a través de la boca, la incisión y el ano, con aceite
resinoso, colocándose después, en todas las cavidades,
bolsitas rellenas de una mezcla de serrín y natrón. Se
dejaba descansar el cuerpo cuarenta días, cubierto con grandes
cantidades de natrón sólido, sustancia con propiedades
altamente deshidratantes y que desecaba el cuerpo completamente. Terminado
este proceso el Apis, o lo que quedaba de él, es decir su cuero
y su esqueleto, era trasladado al Salón de la Envoltura en donde
se llevaba a cabo una labor sumamente complicada y perfectamente especificada
en textos sagrados. Aquí permanecía dieciséis días
y probablemente eran nuevos sacerdotes los que llevaban a cabo el proceso,
además del sacerdote principal, que ahora interpretaba el papel
del dios Anubis, dios encargado del embalsamamiento, líder del
ritual y, como ya dijimos, encargado de la cabeza. Otros cuatro sacerdotes
se hacían cargo, cada uno, de una extremidad y posteriormente
los dos que se encargaban de los cuartos traseros trabajaban también
el abdomen, el ano y la cola y los dos encargados de las patas delanteras
se hacían cargo del pecho. Cada instrumento y cada pedazo de
tela era elaborado especialmente para el Apis, de acuerdo a la medida
necesaria. Se iniciaba entonces un trabajo minucioso y delicado, en
donde cada acción estaba marcada por una enorme carga ritual.
De la cavidad bucal se extraían los dientes del centro los cuales
eran reemplazados por dientes artificiales. Posiblemente por ser estos
los primeros dientes que aparecían en el becerro, su reemplazo
significaba el rejuvenecimiento del Apis. Además cada hueco de
la boca y de la garganta se untaba con aceites y se cubría con
trozos de tela, lo mismo que la lengua la cual era envuelta cuidadosamente.
Respecto a la cuenca de los ojos, seguían el tratamiento anterior,
sólo que aquí se colocaban dos amuletos o tiras de papiro
con conjuros, para que el ojo volviera a ver y luego con tiras de lino
se rellenaba el hoyo, tratando de imitar el ojo.
A
veces se colocaban ojos artificiales de diversas piedras. Con los oídos,
las narices y los cuernos se seguían los mismos procedimientos
de aceitado y envolvimiento. Finalmente se cubría la cabeza con
una tela, sobre la cual se pintaban con tinta los ojos. Terminada la
cabeza los sacerdotes encargados de las patas procedían con su
labor, al animal lo colocaban echado, con las patas delanteras forzadas
y completamente estiradas y las posteriores pegadas a los cuartos traseros,
con las pezuñas hacia adelante, posición mas de un chacal
que de un toro. Esto se hacía probablemente con el fin de facilitar
el envolvimiento de estas partes o de imitar a Anubis. Inmediatamente
después le quitaban las pezuñas, las cuales eran reemplazadas
por otras, posiblemente de oro. Se las quitaban por considerarlas impuras
y porque al enjutarse la piel, de todos modos se caerían. Uno
de los sacerdotes encargados de las patas traseras procedía a
embalsamar el ano y por considerar esta parte también impura,
se tapaba con una manta que lo cubría a él y a esta parte
del toro. Le untaba aceite y luego lo rellenaba con grandes bolsas,
a su vez rellenas de pequeñas bolsitas con natrón y mirra,
para que los líquidos se acabaran de absorber y al mismo tiempo
los órganos conservaran sus formas. La cola era envuelta en tela
y la colocaban doblada hacia la derecha, el lado positivo.
Muy someramente se habla del proceso de embalsamamiento
de los testículos y el escroto, lo cual resulta incongruente
teniendo en cuenta lo que ello significaba para una deidad relacionada
con la fertilidad y tomando en cuenta que incluso la palabra toro se
escribía con el signo de un falo. Posiblemente ello se deba a
que en el mito de Osiris, este pierde para siempre este órgano,
el cual fue tragado por un pez del Nilo. Terminada la preparación
de cada parte del cuerpo, esta se envolvía dieciséis veces,
posiblemente porque dieciseis eran las partes en las que Osiris había
sido cortado por Set. Se llevaba a cabo entonces el Rito de la Cara,
que era la transformación de la cara de Apis en la de Osiris.
Hay que señalar que este proceso, narrado aquí
muy someramente, representaba un trabajo elaboradísimo, en donde
todo estaba perfectamente calculado, cada instrumento, cada tela, cada
vasija, etc. Además, el envolver al Apis con vendas de diferentes
tamaños y determinadas veces era un proceso que debía
seguirse detalladamente y en base a lineamientos perfectamente preestablecidos.
Al finalizar esta fase, el Apis
era colocado dentro de su féretro, habiendo sido previamente
colocado y amarrado minuciosamente sobre un tablón y habiéndose
colocado un bloque de madera debajo del pecho y otro debajo de la cabeza
( imagen del amarre).
El féretro significaba por sí mismo a Osiris y era un
instrumento que garantizaba la resurrección, o al menos ayudaba.
Se le dibujaban pilares Dyed, símbolos de Osiris, al frente y
atrás. Se le cubría con una tela roja y una azul, el rojo
posiblemente asociando al Apis con el sol y el azul simbolizando la
resurrección. También se le colocaba un canasto con granos,
símbolo del renacimiento de la vida. Para terminar, el sarcófago
era untado con aceite.
El final del embalsamamiento era avisado a los fieles
rasgando un lienzo de lino, el cual era mostrado por un sacerdote, dando
pie al inicio de grandes lamentos por parte de los dolientes. El féretro
era colocado dentro de un santuario de madera, sobre un bote ceremonial,
colocado, a su vez, sobre un trineo con el cual era trasladado a orillas
del Lago de los Reyes, tal vez el Lago de Abusir. Los restos extraídos
del cuerpo y colocados previamente en vasijas especiales,
canopes, seguían al féretro en su viaje. Al llegar
a la orilla del lago embarcaban el féretro en un barco de papiro,
acompañándolo otros barcos en los cuales iban los sacerdotes
y las imágenes de Isis, Neftis, Horus y Tot, además de
emblemas de Upuaut del Norte y Upuaut del Sur, "El
Abridor de Caminos", todos ellos relacionados con los mitos de resurrección
de Osiris y Ra.
El viaje sobre el lago era una representación
de la primitiva lucha entre Osiris y Set y entre Ra y Apofis. Ambas
simbolizaban la lucha entre las fuerzas positivas y negativas sobre
las aguas primigenias, en el principio de los tiempos. Durante el trayecto
los Nueve Libros Sagrados, que narran lo anterior, eran leídos
en voz alta:
1.- Ritual del Viaje del Primer Día.
2.- Protección de la Barca Sagrada.
3.- Protección de la Barca.
4.- El Plan de la Cara.
5.- Glorificación de Osiris.
6.- Protección de la Barca Sagrada.
7.- Guardián de la Custodia.
8.- Buena Fortuna.
9.- Abertura de la Boca.
Al regresar de este viaje el Apis era llevado nuevamente
a la Tienda de la Purificación, la cual había sido construida
con la entrada al oeste (muerte), por donde entraba el cortejo y una
salida al este (resurrección), por donde salían, terminando
los ritos que ahí se llevaban a cabo. Aquí al Apis se
le devolvían la facultad de ver y hablar, facultades indispensables
para hacerse oír y ver en el juicio y posteriormente en el otro
mundo. Sus facultades enteras eran restauradas con el importantísimo
ritual de la Abertura de la Boca y de los Ojos.
Terminado lo anterior regresaban a la Casa del Embalsamamiento,
a la cual entraban por la Puerta del Horizonte, la que el sol iluminaba,
para reafirmar su resurrección. Un sacerdote del Nilo lanzaba
en ese momento una teja, posiblemente una teja en la cual se habría
asentado su nacimiento y que representaba la tan esperada resurrección
del Apis. Encontramos aquí relacionado al Apis con el Nilo y
es interesante hacer notar que muchas veces el Apis fue llamado Dios
del Nilo, tal vez porque ambos representaban la fertilidad. Incluso
cuando un Apis nuevo era encontrado, antes de trasladarlo a Menfis,
lo llevaban a Per-Hapi, lugar relacionado con el Nilo y posiblemente
cercano a Guiza o a Helwan.
El último día, el día setenta
después de su muerte, el toro Apis era enterrado en medio del
duelo nacional. El pesado ataúd era arrastrado por el ejercito
por la planicie arenosa de Saqqara, acompañado del faraón,
de su séquito y del pueblo, hasta el Serapeum en donde, con una
serie de rituales, no tan ampliamente conocidos como los anteriores,
el Apis descansaba finalmente en paz.
Era costumbre en Egipto sacrificar un buey o un gran antílope
en las ceremonias funerarias, acto que se repetía después,
el primero y el último día de cada año. El sacrificio
de animales tiene sus raíces en la idea de que al hacerle una
ofrenda al dios, se abriría un canal por donde el donante podría
recibir a su vez las potencias de los dioses, para ello la ofrenda debería
seguir el mismo camino del muerto, es decir, debía morir. Los
toros y los bueyes eran altamente apreciados como elementos de sacrificio
debido al gran aprecio que se tenía por ellos como alimento material
o espiritual, pero no por sus potencias específicas las cuales
dieron origen a los toros sagrados que aquí estamos tratando.
La ceremonia del sacrificio iba acompañada de la quema de incienso,
se prendían lámparas y se llevaban ofrendas. El toro o
el antílope eran sacrificados siguiendo toda una serie de reglas
bien especificadas tanto para el instrumental usado como para los cortes
realizados. Se cortaba la yugular y se recogía la sangre, que
junto con el corazón eran las partes más preciadas. Estos
dos elementos, mas las piernas que también tenían importancia,
se colocaban en la mesa de ofrendas. Después se repartían
entre los asistentes. Un sacerdote constataba que tanto la sangre como
la carne fueran puras. La cabeza del animal sacrificado era lanzada
al Nilo para que con ella se fuera lo malo y lo negativo. Se iniciaba
entonces la búsqueda del nuevo Apis. Por los epitafios del Serapeum
sabemos que entre la muerte del Apis y la introducción del nuevo
pasaban generalmente de uno a dos años. En casos excepcionales
cuatro o cinco años.
3.4 "Serapeum", lugar de descanso
No tenemos datos de los entierros del Toro Apis anteriores
al Reino Nuevo y de entonces, se conocen desde Amenhotep III de la Dinastía
XVIII. Es Ramses II de la Dinastía XIX, quien abandonó
la costumbre de enterrar a los Apis en tumbas aisladas, las cuales habían
sido violadas y robadas. Para ello encomendó a su hijo Jaemuaset
la realización de una necrópolis para los Apis, al norte
de Saqqara. Estrabón llamó a este sitio Serapeum, por
albergar al Apis muerto, ya transformado en Osor-Apis, y al que los
griegos convertirían en Serapis.
Con Jaemuaset se trasladaron al Serapeum los Apis conocidos.
Este príncipe, cuarto hijo de Ramses II, era Pontífice
de Menfis, "Máximo Conductor de las Artes", es decir sacerdote
de Ptah, el Hacedor de Estatuas Reales y Divinas.
El
Serapeum ha sido llamado uno de los edificios más fascinantes
del Valle del Nilo. Estas tumbas monumentales formaban parte de un conjunto
que contenía además, en su época final, un templo
dedicado a Apis, una avenida o dromo bordeado de esfinges y una capilla
a la entrada del inmenso sepulcro subterráneo. Cerca de todos
estos edificios estaba el Templo de Ptah y el templo para la madre del
toro, el Iseum, descubierto por W.B. Emery en 1970 y en donde consta
en una estela, el entierro de una vaca Isis en el año en que
Cleopatra VII se unió a Marco Antonio en Siria. Además
hay varias tumbas dispersas, muy destruidas, que consisten en un templo
y una bóveda. Había ahí estatuas de hombres con
cabeza de Apis, de la época de Amenhotep III, probablemente tumbas
individuales del toro sagrado.
El templo de Apis, que seguramente era de época
ptolemaica, constaba de dos capillas, una de estilo griego y otra egipcio.
En la naos había una
hermosa estatua de Apis, de piedra con restos de pintura; está
colocada sobre una base y lleva las piernas
del lado izquierdo hacia el frente, entre los cuernos tiene los restos
de un disco solar y un ureo. Mide 1.20 m de altura por 1.54 m de largo
y es de la Dinastía XXX. Actualmente se encuentra en el Museo
del Louvre. Se encontró también en la naos una estela
representando al faraón Nectánebo II, de la Dinastía
XXX, seguido de un sacerdote de Apis-Osiris, haciendo una ofrenda. Este
faraón realizó trabajos en el Serapeum y en el complejo
de la madre del toro, al norte. También mostró interés
en otros centros de culto a diversos animales como Armant y Bubastis.
Cerca de la naos de Nectánebo, pero de época posterior,
estaba un hemiciclo con once estatuas de poetas y filósofos griegos,
entre los que se encontraban Homero, Pindaro, Platón, Tales,
Protágoras y Demetrio de Falerón. Éste último
tuvo mucho que ver con el advenimiento de Serapis (a quien más
tarde estudiaremos), pues según él, este dios lo había
curado de la ceguera. Había algunas otras esculturas que no fueron
plenamente identificadas.
En
este sitio Alejandro Magno celebró juegos musicales y atléticos
en honor a Apis. Frente a las dos capillas existió una plaza
adoquinada bajo la cual se encontraron gran cantidad de estatuas de
bronce de dioses egipcios. El dromo que unía el templo con el
sepulcro estaba flanqueado de esfinges de piedra, de las cuales quedaban
ciento cuarenta en la época de su descubrimiento, algunas de
ellas tenían inscripciones invocando a Apis. Había algunos
basamentos vacíos, ya que otras esfinges, unas quince, fueron
encontradas dispersas por Alejandría y El Cairo, en casas particulares
o en templos recientes. Incluso estas quince fueron la clave que permitió
al egiptólogo francés August Mariette descubrir en 1850
el Serapeum. En este corredor o dromo se acostumbraba a realizar peleas
de toros, los cuales eran criados especialmente y para tal fin con mucho
esmero y cuidado. Las peleas de toros eran una representación
simbólica de la lucha que el muerto debía llevar a cabo
en el otro mundo para mantener su lugar como líder, con el fin
de poner orden en el caos natural.
Los toros usados en las peleas eran llamados kA, lo
cual denotaba el más alto grado en el estatus dentro del grupo,
ya que éste ideograma representa la virilidad, el poder de procreación
y "el que merece aparearse." En este toro se concentraban la fuerza
y el coraje necesarios para un líder de manada que debía
retar y ser retado, para finalmente poder imponerse; es por ello que
muy pronto el toro fue asociado a los dioses y al rey. Estas peleas
están representadas en veintisiete tumbas de jefes locales del
Alto y Medio Egipto y abarcan un período que va desde finales
del Reino Antiguo, Dinastía VI, hasta principios del Reino Nuevo,
Dinastía XVIII. Después ya no aparecen representaciones
de este tipo, sin embargo si tenemos registradas esta clase de peleas
en los dromos del Templo de Ptah en Menfis, en épocas posteriores.
Sabemos que esta misteriosa necrópolis,
el Serapeum, está excavada a 12 m. de profundidad y consiste
en tres pasillos. El primero, llamado ahora bóveda Greater, mide
3 m. de ancho por 68 m. de largo y 4.5 m de altura. A él desembocan
24 cámaras talladas en la roca viva. Estas varían de tamaño,
las hay de 6 a 11 m. de largo y de 3 a 6 m. de ancho. En cada una de
ellas se depositó un enorme sarcófago de diversos materiales,
de basalto, de granito negro o rosado y de piedra caliza. Cada uno pesa,
aproximadamente, 70 toneladas y miden, con algunas variantes, 4 m. de
longitud por 2.3 m. de ancho y 3.3 m de altura, tallados en una sola
pieza, mas su respectiva tapa. Algunos tienen inscripciones grabadas.
Sarcófago
del Serapeum
Los entierros abarcan de la Dinastía XXVI al
final del período griego y en ellos no se encontraron rastros
de Apis. Esta galería fue construida por Psamétiko I de
la Dinastía XXVI (664 a.C.) y el primer toro que se enterró
en esta sección fue del año 52 de este faraón.
Éste fue el primer pasillo descubierto por Mariette, poco después
encontró otra galería, la bóveda Lesser, la cual
se encuentra en ángulo recto con la primera. Esta contenía
entierros de las Dinastías XIX y XX pero en ataúdes de
madera. En el centro se descubrió una enorme roca que guardaba
una tumba en la que se encontraron los restos aparentemente de Jaemuaset,
ataviado con una máscara de oro que le cubría la cara
y una cadena en el cuello con amuletos. Sin embargo al respecto existe
la duda ya que la momia sólo era una masa de betún y algunos
huesos, los amuletos con cabeza humana contenían una inscripción
que decía: "Osiris-Apis, Grandioso Dios, Señor de la Eternidad"
lo que hace pensar a algunos especialistas en la posibilidad de que
fueran de un Apis. Finalmente se halló una tercera galería,
más antigua, con enterramientos de la Dinastía XVIII.
Posiblemente entonces ya existía un edificio previo al construido
por Jaemuaset o los restos fueron trasladados por él a este sitio.
En una cámara que no había sido saqueada se encontraron
dos grandes ataúdes rectangulares, pintados de negro y que contenían
aparentemente momias del Apis, sin embargo sólo eran un montón
de pequeños huesos del toro. Estas galerías se siguieron
ampliando desde su construcción hasta la época de los
Ptolomeos, llegando a tener 200 m. de longitud en total y siendo utilizadas
hasta el año 30 a.C., cuando abruptamente fueron abandonadas,
habiendo dejado incluso un enorme sarcófago negro a la entrada.Gran
cantidad de estelas votivas, dejadas por los fieles con agradecimientos
y peticiones, fueron encontradas en los muros de la entrada, lo mismo
que vasijas, joyas y ushebtis con cabeza de toro. Generalmente los faraones
apoyaron e impulsaron estos cultos tan populares ya que con ello reafirmaban
la naturaleza singular de su civilización frente a las cada vez
más crecientes presiones de culturas extranjeras.
De todo este maravilloso hallazgo de monumentos arquitectónicos,
sarcófagos, estelas, utensilios, trabajos, esfuerzos y plegarias
sólo algunos restos de Apis fueron encontrados, uno de ellos
estaba adornado con un hermoso pectoral de oro, turquesas y lapislázuli,
con el nombre del faraón Ramses II grabado.
Pectoral con el nombre de Ramses II grabado.
Oro, cornalina, turquesa y lapislázuli. Museo del Louvre
Junto con ellos se descubrieron las huellas de unas
manos y de un pie pertenecientes a quien posiblemente cerró la
cámara y vio por última vez el sarcófago del Apis,
quedando intacto mas de 3000 años. Estos restos se encuentran
ahora en el Museo Agrícola del Cairo y en el Museo del Louvre.
3.5 Serapis, un nuevo dios
Por otro lado el culto al toro Apis sufre una transformación
en la época de los Ptolomeos, aunque no por ello dejó
de ser importante por sí mismo, es decir como el sagrado toro
Apis. Los gobernantes ptolemaicos, en su deseo de reunir en un solo
ideal religioso a los egipcios y griegos, intentaron crear y de hecho
crearon un dios común, con características importantes
de dioses principales de ambas culturas.
Ptolomeo I Soter (304 a.C.) introdujo el culto de este
dios compuesto. Según este rey, tuvo un sueño y en él
vio la enorme estatua de un dios, la cual le ordenaba llevarla a Alejandría.
Como nunca había visto un dios así, se lo describió
a su canciller Sosibius, quien le aclaró que ciertamente existía
una estatua con esas características en Sinope, puerto de Turquía
en el Mar Negro, y por entonces colonia griega. Después de algunas
negociaciones con los habitantes y las autoridades del lugar, la estatua
pudo ser llevada a la capital egipcia. Los griegos decían que
era Hades o Pluto y los egipcios Asar-Hap o Serapis. (Hades: Dios del
Inframundo, hijo de Cronos y Rea. Tiene un casco que lo hace invisible
y que es el símbolo de la muerte. Pluto: Dios de la Riqueza Agrícola,
hijo de Jasón y Demeter. Zeus lo dejó ciego para que repartiese
por igual la riqueza agrícola.)
Serapis
Para lograr el sincretismo el faraón consultó
eminencias en la materia como el griego Timoteo y el egipcio Manetón,
que como expertos en cuestiones teológicas de cada pueblo, aportaron
los elementos necesarios. Al principio se le representó como
un hombre parado con las piernas separadas, con cabeza de toro y sobre
ella una luna creciente dentro de la cual había una luna llena
y arriba dos plumas. En su pecho tenía un pectoral en forma de
pilono con dos cobras y en las manos el mayal y el callado, las dos
insignias reales. Con el tiempo se helenizó y se convirtió
en un dios típicamente griego, con barba y con una medida de
cereal en la cabeza y, a veces, con cuernos. Asimiló, además,
los elementos de Zeus, Helios, Esculapio y Dionisio. Asar-hap o Serapis
envolvía los conceptos de la vida después de la muerte
y de la fecundidad en la agricultura de Osiris y Apis. Zeus aportó
su característica de dios supremo y soberano, Helios su calidad
de dios solar, Dionisio la fertilidad de la naturaleza y Esculapio su
relación con la otra vida y sus poderes curativos y regenerativos.
El templo construido para el culto de Serapis, llamado
también Serapeum, se hizo en el barrio de Rhakotis de Alejandría,
en donde habitaban la mayor parte de los egipcios. Fue consagrado por
Ptolomeo III Evergetes I y construido por el arquitecto Parmeniso. Una
nueva escultura, en el más puro estilo griego, fue realizada
por Briaxis, para sustituir la primera. Según parece, este culto
prevaleció principalmente entre los griegos, pasó después
a Menfis y a todo el reino y no cesó hasta que el templo fue
destruido en el siglo IV d.C.
Su veneración se extendió a Delos desde
el principio, pues se sabe que fue introducido en el 280 a.C. por el
sacerdote Apollonio I procedente de Menfis, quien llevó consigo
una pequeña estatua, la cual colocó en una humilde habitación.
Después de algunas peripecias su nieto, Apollonio III logró
construir un templo y mandó grabar una columna con la historia
de Serapis, dejándola como ofrenda votiva. El culto pasó
entonces a Mileto, Halicarnaso y Atenas, a esta última ciudad
llego junto con Isis. En un principio el culto únicamente fue
practicado por sociedades privadas. En las islas y en Asia si era público,
cosa que ocurrió más tarde (200 a.C.) también en
Atenas, en donde incluso se le construyó un templo al norte de
la Acrópolis. Además, sus imágenes aparecen en
monedas atenienses.
Su adoración se extendió por el Imperio
Romano, en donde incluso se encontró un templo dedicado a Serapis
en la Britania Romana. Septimio Severo (S.III d.C.) cuya Dinastía
reverenció las costumbres egipcias e hizo oficial el culto a
Isis, se hizo representar como Serapis y su hijo Caracalla hizo construir
en las laderas del Quirinal un grandioso Serapeum. Sin embargo el pueblo
egipcio prefirió a sus dioses tradicionales como Osiris, Isis
y al mismo Apis, algunos de cuyos cultos prevalecieron en rincones apartados
hasta bien entrada la era cristiana, como el de Apis a quien se siguió
consultando como oráculo e Isis, que en la Isla de Filae, al
sur de Egipto, fue adorada hasta el S. VI d.C., habiendo asimilado a
las diosas mediterráneas y convirtiéndose en madre universal.
En 392 d.C. Teodosio sube al trono bizantino y prohibe
el culto idólatra; por orden suya se cierran los templos paganos
y se prohibe el sacrificio de animales. Ese mismo año el Serapeum
de Alejandría es destruido por el patriarca Teófilo de
esa misma ciudad. La última inscripción jeroglífica
que se hizo se encontró en la Templo de Filae y es del año
394 d.C.
3.6 Vestigios
Desgraciadamente nos faltan datos del Apis de algunas
épocas. Del inicio de la época histórica solamente
tenemos vestigios de la Dinastía I y II; del Reino Antiguo de
la Dinastía V; del Reino Medio de la Dinastía XII y luego
hasta el Reino Nuevo, de la Dinastía XVIII y XIX; del Tercer
Periodo Intermedio de las Dinastías XXII, XXIII, XXIV y XXV;
de la Epoca Tardía de las Dinastías XXVI, XXVII, XXX y
XXXI y finalmente, de la Epoca Ptolemaica.
De la Dinastía I conservamos el ostracón
y el sello de la tumba de Hamaka ya mencionados, de la Dinastía
V tenemos la Piedra de Palermo que da cuenta de los festivales de Apis.
De la Dinastía XII se encontró en la tumba de Senbi, funcionario
del reino de Amenemhat I, una inscripción en donde el muerto
era identificado con el "..... toro Apis quien está en el cielo,
el cementerio, grande de cuernos". Del Reino Nuevo de las Dinastías
XVIII sabemos de un Apis enterrado en la época de Amenhotep III,
ya que este faraón fue representado en un relieve dirigiendo
esta ceremonia, acompañado de su hijo Thutmose. En la época
de Tutanjamón, cuando este regreso a Tebas y al culto de Amón,
un Toro Apis fue enterrado en Menfis. En la Dinastía XIX también
se hace mención del sagrado toro en el reinado de Ramses II,
en un ostracón encontrado en Deir- el Medina, que menciona el
entierro de un Apis en 1265 a.C. y en las pinturas encontradas en el
Serapeum, en donde se representa a Ramses II y a su hijo ofreciendo
víctimas propiciatorias a los Apis.
Desde luego tenemos la prueba más contundente
de este culto en las magníficas tumbas del Serapeum y en los
restos de Apis que se conservaron, ambos reflejan con grandiosidad la
importancia de este toro. Existe, además, la mención que
hace Mariette del templo en el que se confirma la veneración
de que era objeto el Apis.
Las siguientes referencias del toro se hacen en la
Dinastía XXII con Shoshenk III en cuyo año 28 de reinado
muere un Apis; el siguiente toro muere en el año 2 de su sucesor
el faraón Pami y ambos acontecimientos están documentados
en la "Estela de Pediese". Con Shoshenk V muere otro Apis, de 26 años
de edad, en el año de reinado numero 37 de este faraón.
Ello se asienta en la "Estela de Harpeson", en la cual hay, además,
una larga genealogía, desde Sheshonk I hasta Osorkon II. Muchos
de los vestigios de esta Dinastía han sido encontrados en el
Serapeum.
Volvemos a encontrar rastros del Apis en la Dinastía
XXIV en el reinado de Bocchoris, en donde un Apis muere de 16 años,
en el año 6 de su reinado. En la Dinastía XXV muere un
Apis en el año 24 de Taharka. Ambos acontecimientos están
inscritos en el Serapeum, en las estelas encontradas ahí. Estas
estelas, llamadas de los Apis, nos permiten reconstruir perfectamente
la sucesión de los reyes de las Dinastías XXIII, XXIV,
XXV y XXVI.
De la Dinastía XVI están documentados
cinco Apis. En el reinado de Psametiko I muere uno en el año
20 del rey, de 21 años. Este faraón hace construir un
templo rodeado de columnas para que el Apis viviera cómodamente.
Hay un toro intermedio del cual no hay datos y después se instala
un Apis nuevo en el año 54 del mismo faraón, el cual muere
en el año 16 de Nekau I, a los 16 años. Ese mismo año
aparece otro toro, que es instalado en el primer año de Psametiko
II. Este muere en el año 12 del faraón Apries, de 17 años.
En plena conquista persa se habla también de
los Apis. Por un lado, Herodoto nos da la versión de que Cambises,
Dinastía XXVII, queriendo mostrar que el toro no era realmente
un dios, lo hiere en la pierna, dejándolo morir. Sin embargo,
según Plutarco, el Apis fue adorado o por lo menos su culto respetado
por Cambises en cuyo reinado aparecen dos toros sagrados, uno de ellos
muere en el sexto año de su reinado. La controversia ha continuado
hasta nuestros días. Cuando se descubrió el Serapeum en
1850 se creyó que la versión de Herodoto era falsa pues
se encontraron testimonios de dos entierros de Apis durante el gobierno
de Cambises, en los cuales se había cumplido con los ritos tradicionales.
Sin embargo al analizar esos mismos datos se puede apreciar que entre
la fecha de entierro de cada uno de estos Apis pasaron seis años,
termino completamente inusual. Cabe entonces la posibilidad de que efectivamente
Cambises hubiera matado al becerro, como lo dice Herodoto, y que lógicamente
no hubiera podido ser enterrado en el Serapeum sino en algún
lugar secreto escogido por los sacerdotes. Después Darío,
su sucesor, incluso dona dinero, "100 talentos de oro", para el Apis
y ordena a sus gobernadores que ofrenden al toro siguiendo las costumbres
ancestrales de los egipcios.
Con la Dinastía XXX el Serapeum se ve ampliado
y embellecido por Nectánebo I y II, quienes probablemente hicieron
y colocaron las esfinges que bordeaban el dromo. En la Dinastía
XXXI, persa, Artajerjes destruye templos y permite el robo y la violación
de los templos de Apis, el cual es muerto y comido por el rey y sus
seguidores. De esta época hay otra estela muy interesante en
el Serapeum que habla del faraón Jababash, quien dirige una insurrección
en contra del invasor. Sin embargo, en la Época Ptolemaica el
culto cobra nuevo esplendor. En la Piedra Roseta se asienta que Ptolomeo
V proveía de todo lo necesario al Apis, a Mnevis (otro toro sagrado
del que hablaremos mas adelante) y a los demás animales sagrados,
además de hacerles magníficos templos forrados de plata.
En su época se construye en Alejandría un templo en donde
consagran un Apis, proveyéndolo de todo lo necesario y siguiendo
el antiguo ritual a la hora de su muerte.
Hay también algunas referencias del Apis en
Épocas Romanas, como la de Germánico (16 d.C.), hermano
de Claudio, quien al visitar Menfis acudió al sitio sagrado y
consultó al toro como oráculo, la señal resultó
negativa y al poco tiempo muere. Ya bien entrada la era Cristiana se
siguió con esta antigua costumbre oracular. Finalmente el toro
Apis fue adorado con fluctuante intensidad durante más de dos
mil años.
3.7 Representaciones
Las primeras representaciones que se hacen de Apis,
ya mencionadas anteriormente, son como un simple toro, ya que son dibujos
primitivos en los cuales probablemente apenas se estaban desarrollando
sus características. Fue a partir del Reino Nuevo cuando se le
agregó un disco solar entre los cuernos. En la Época Baja
apareció en muchos ataúdes, también sencillamente
como un toro, llevando a la momia sobre su lomo, hacia la tumba. Sin
embargo, de esta época es la mayor parte del material con el
que contamos y que siendo más elaborado, nos permite conocer
sus características y atributos. Contamos con decenas de esculturas
de Apis encontradas en todo el territorio egipcio, desde Elefantina,
al sur, hasta el Delta en el norte, e incluso del Oasis de Siwa, en
la frontera libia.
La mayoría de ellas provienen de Menfis y de
Saqqara, específicamente del Serapeum, sede y necrópolis
del Apis. Casi todas son esculturas del toro completo, de bronce y tienen
un tamaño que va de pequeño a mediano (desde 4 cm. hasta
50 cm. de altura). Generalmente tienen las piernas del lado izquierdo
hacia adelante apoyadas sobre una base,
en la cual muy ocasionalmente hay inscripciones. Como común denominador
portan un sol y un ureo entre los cuernos y, poco mas de la mitad, tienen
pintado o grabado en el cuello un collar, en el lomo una cubierta o
manta y en los cuartos traseros un escarabajo y un buitre alados. En
la frente llevan un triángulo blanco que como se recordará
es una de las características que debían de tener los
toros vivos para ser considerados Apis. Son pocos los que tienen incrustados
en los ojos y en el triángulo de la frente plata o piedras semipreciosas.
Raros son los que tienen ojos humanos o soles alados pintados en la
parte trasera o los que no tienen ningún adorno o bandas adornando
el rabo, pero los hay.
Según algunas investigaciones las estatuas de
bronce de los Apis se hacían como recuerdos u ofrendas de un
día especial, la gran fiesta de su presentación en el
Templo de Ptah, cuando el toro, ya como Apis, era conducido a su nueva
morada. La representación de estos toros es la de un animal joven
lo que encuadra con la idea de que el Apis era llevado al templo a los
nueve meses aproximadamente. Se cree que lo representan en un día
de fiesta por la serie de adornos que presentan algunas de ellas, aunque
también podrían haber tenido la función de amuletos
ya que tanto el buitre como el sol y el escarabajo alados son símbolos
de protección. Posiblemente estas esculturas eran colocadas después
en los templos y más tarde, cuando el toro fallecía, dentro
de su sarcófago o en el Serapeum. Curiosamente esta serie de
adornos o símbolos que presentan algunas esculturas en bronce
no se ven en las representaciones de Apis en estelas, sarcófagos,
relieves, pinturas o papiros.
Algunos de estos elementos eran las marcas que el toro
debía de tener para poder ser considerado el Apis, según
los autores antiguos. Sin embargo algunos investigadores modernos dudan
que estas señas hayan sido reales y consideran que se les ponían
como adorno o como símbolo de las que supuestamente debería
de tener, en ocasión de esta fiesta.
En general las esculturas de bronce, contrariamente
a las estelas, no contienen fechas ni nombres, aunque contamos con algunas
excepciones como una estatua de 11 cm. de altura que se encuentra en
la Colección Alfred Czuzka de Viena y otra de 7.9 cm. de altura
en el Museo de Louvre, ambas con inscripciones y con características
similares. También existen otras esculturas, pocas, de diversas
piedras semipreciosas, de terracota y de fayenza, hay una de plata y
otra de lapislázuli que quizá se usaron para purificar
los lugares sagrados, como la serie de pequeñas estatuas de diversos
dioses egipcios que Mariette encontró debajo de las losetas del
dromo del templo de Apis.
De piedra tenemos dos ejemplares mayores, la primera
escultura es la que se encontró en el Serapeum de Saqqara, de
1.50 m. de largo por 1.28 m. de altura, de piedra caliza y con restos
de pintura y la segunda es la del Serapeum de Alejandría, de
piedra negra y de 1.80 m. de altura. Ambas serían la escultura
principal de los templos mencionados, a las cuales posiblemente los
fieles se acercarían con mayor facilidad para venerar y consultar.
Mucho menos comunes son los prótomos de los
que quedan unos quince y menos todavía las representaciones de
Apis con cabeza de toro y cuerpo humano, de las cuales hay sin embargo
algunos ejemplares, que como los demás portan ureo y sol entre
los cuernos. Una de ellas lleva la inscripción de "Osiris-Apis".
Este sol lo tiene Apis, repito, a partir del Reino Nuevo, es por ello
que estas esculturas lo llevan ya que son de periodos tardíos.
Además de estas representaciones, existen también estelas,
placa y discos de piedra y terracota en donde se le representa, pintado
de negro y blanco, en su barca sagrada. Algunas veces esta en compañía
de Bes, dios secundario, y otras de Isis, Neftis y Harpócrates,
todos ellos dioses muy populares y cercanos al sentimiento popular y
que prevalecen hasta el final de la historia egipcia antigua, e incluso
la sobrepasan.
A Apis lo encontramos también en joyería,
en amuletos y en armas. Como ejemplos únicos están un
par de aretes en forma de cornucopia de la cual sale una cabeza de Apis;
dos o tres amuletos en piedra verde y lapislázuli y una daga
de oro, cuyo mango está cubierto con una cabeza de Apis. Hay,
además, dos esculturas muy interesantes encontradas en Saqqara
que nos muestran, una, al faraón Ramses II quien ordenó
la construcción del Serapeum y la otra, a su hijo Jaemuaset,
quien llevó a cabo la planeación y construcción
de la necrópolis. Ambos tienen representado cerca de ellos al
toro Apis.
Fuera de Egipto se han hallado gran cantidad de esculturas
de Apis, la mayoría también de bronce y con disco y ureo
entre los cuernos, todas son pequeñas, desde 3 cm. hasta 39 cm.
de altura. Abarcan Palestina, Siria, Creta, Chipre, Grecia, Italia,
Alemania (Germania) e Inglaterra (Britania). Casi todas tienen las mismas
señas grabadas o pintadas que las encontradas en territorio egipcio,
las hay también de piedra. Los amuletos son comunes en piedra
y terracota y algunos pocos en fayenza. Casi todos representan al toro
completo y la minoría sólo la cabeza. También se
le encuentra representado en algunos pocos bajorelieves. De piedra tenemos
otros de los poquísimos ejemplares de gran tamaño, uno
de 1.33 m. de altura por 1.45 m. de largo, de granito negro y con todos
sus atributos principales, encontrado en el jardín del Palazzo
Brancaccio en Roma y otro, de granito rosa de Asuán, de 1.17
m. de altura por 1.75 m. de largo, llamado el Apis de Porta de San Lorenzo,
también en Italia. Aparece aquí un material nuevo en la
representación de nuestro toro: el mármol, material del
cual se han encontrado generalmente altares con relieves en los cuales
aparece Apis acompañado de otras figuras como Isis, Serapis y
Harpócrates. También se le representó en pinturas
en los muros de diversas edificios de Italia como en los Baños
de Baiae y en Pompeya: en la Casa del Frutteto y en el Templo de Isis,
en donde Apis aparece sin el disco, sin el ureo y acompañado
de Anubis, de Atón y de Ra. Llaman la atención las joyas
en las cuales los motivos de Apis aparecen, ya sea solo o acompañado
de otros dioses. Hay anillos y aretes de oro, aplicaciones en marfil,
cornalina, onyx y jaspe e inclusive en el reverso de un escarabajo de
cornalina. Una única pieza en madera, un pectoral, nos lo muestra
en relieve.